El pecado
Si se acuerdan, la semana pasada les dije que existía
una línea divisora entre un buen número de creyentes y
Dios. Existe una línea divisora entre la presencia de
Dios y la humanidad, y ésta línea divisora es el
pecado. Esto es algo que queda claramente expresado en
Isaías 59:2 cuando
leemos, “pero vuestras iniquidades han hecho división
entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han
hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.”
Como les dije, existe una línea que nos divide de la
presencia de Dios, y la mayor razón por esto es porque
la mayoría de nosotros en vez de reconocer nuestros
errores, lo que hacemos es que tratamos de justificar
nuestras malas acciones y pecados. Si hacen memoria de
la predica de la semana pasada también se acordaran que
les dije que existían diferentes tipos de pecados; yo sé
que ésta declaración puede haber dejado a algunos un
poco confusos, y es por eso que en el día de hoy deseo
que estudiemos acerca de los diferentes tipos de
pecados. Hoy vamos a analizar los diferentes tipos de
pecados que afectan a muchos en su diario vivir.
Haremos esto con el propósito de desenmascarar al
enemigo, para de ésta forma eliminar la línea divisora
que pueda existir en nuestra vida que nos separa de la
presencia de Dios. Pero para poder tener un mejor
entendimiento del mensaje que Dios tiene para Su pueblo
en el día de hoy, primero examinemos su definición.
Según el diccionario de la Real Academia Española, el
“pecado” es definido como, “1. Trasgresión voluntaria de
la ley de Dios o de algún precepto de la Iglesia. 2. Lo
que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que
es debido. 3. Exceso o defecto en cualquier línea.
Manteniendo ésta definición en mente exploremos ahora
seis diferentes tipos de pecado que existen:
1.
El
original - el de Adán y Eva, cuya consecuencia fue
transmitida a todos nosotros.
2.
El
actual - acto momentáneo en que el hombre peca
voluntariamente o por instinto.
3.
El
habitual - acto continuado o costumbre de pecar.
4.
El
formal - aquel en que se quebranta la ley
deliberadamente con conocimiento y libertad.
5.
El
material - aquel en que se quebranta la ley
involuntariamente, con ignorancia no culpable.
6.
Contra la natura - acto carnal contrario a la
generación.
El pecado original fue el de Adán y Eva cuya
consecuencia fue transmitida a todos nosotros, y es el
que encontramos en Génesis 3:6
cuando leemos, “Y vio la mujer que el árbol era bueno
para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol
codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su
fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió
así como ella.” Pero ahora debemos detenernos aquí
por un breve momento y preguntarnos, ¿cuál fue el pecado
original del hombre? El pecado original del hombre no
fue comer el fruto de un árbol, o el de escuchar el
consejo de la serpiente. El pecado original del hombre
fue la desobediencia a Dios. Yo diría que esto es algo
que queda extremadamente claro en estos versículos; la
desobediencia separo al hombre del edén; en otras
palabras, la desobediencia separo al hombre de las
bendiciones de Dios. Pero la buena noticia referente a
éste pecado del cual todos fuimos victimas en algún
tiempo de nuestra vida es que ya fue perdonado. Dios a
través Su amor, misericordia y gracia nos perdono y
redimió. Esto es algo que queda muy bien reflejado en
Romanos 3:23-25 cuando
leemos, “por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios, 24siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la
redención que es en Cristo Jesús, 25a quien
Dios puso como propiciación por medio de la fe en su
sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber
pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”
Dios nos perdono por medio del sacrificio de su Hijo
Unigénito, pero desdichadamente el hombre no ha
aprendido su lección. Esto nos conduce al segundo tipo
de pecado.
El pecado actual es el acto momentáneo en que el hombre
peca voluntariamente o por instinto. Yo diría que el
mejor ejemplo de éste tipo de pecado es como encontramos
en Juan 18:10 cuando
leemos, “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada,
la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y
le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.”
Digo que éste es el mejor ejemplo de éste tipo de pecado
porque aquí vemos que Pedro actúo de manera instantánea
sin pensar en lo que hacia. Al ver que estas personas
venían para arrestar al Señor, Pedro permitió que los
impulsos de la carne dirigieran sus acciones lo que le
causo a pecar grandemente. La razón por la que les digo
que peco grandemente es porque Pedro sabía muy bien que
Jesús no promovía la violencia. Jesús predicaba el
Reino de Dios, amor, y misericordia. Esto es algo que
queda muy bien declarado en
Mateo 5:44 cuando leemos, “Pero yo os digo:
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os
maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por
los que os ultrajan y os persiguen.” Es más, lo que
estaba aconteciendo no debía haberles sorprendido; Jesús
les había dicho exactamente por lo que Él tendría que
pasar. Esto es algo que queda bien declarado en
Mateo 26:2 cuando leemos,
“Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua,
y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.”
Pero lo que sucedió fue cuando llego el momento de la
verdad, cuando llego el momento cuando debió haber
demostrado todo lo que había aprendido, Pedro no se
acordó de nada, él actúo de manera espontánea. Yo diría
que de todos los pecados éste es el más común, y no solo
en el mundo, sino que también dentro del mismo pueblo de
Dios. Digo esto porque no es fuera de lo común ver como
aquellos que aunque conoce la verdad, es decir, conocen
las enseñanzas y mandamientos de Dios, en momentos
determinados permiten ser dirigidos por los impulsos de
la carne y pecan. Cuando llega el momento de la verdad,
cuando llega el momento de actuar como debemos actuar,
se nos olvida todo lo que hemos aprendido a través de la
Palabra de Dios y cometemos una salvajada en momentos
determinados. Y existe un gran peligro en no reconocer
éste tipo de pecado, ya que no reconocerle y
arrepentirnos de ello nos puede conducir a reincidir en
él. Esto nos conduce al tercer tipo de pecado.
El pecado habitual es el acto
continuo o costumbre de pecar. Yo diría que la mejor
ilustración que podemos encontrar acerca de éste tipo de
pecado es encontrada en la enseñanza del apóstol según
encontramos en Colosenses 3:8-9
cuando leemos, “Pero ahora dejad también vosotros
todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia,
palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No
mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del
viejo hombre con sus hechos.” Digo que ésta
enseñanza es la mejor ilustración que podemos encontrar
acerca de éste pecado porque existen muchos que no han
logrado despojarse del viejo hombre, y continúan
reincidiendo en ésta forma de ser, especialmente en las
mentiras. Cuando vivíamos en el mundo en muchas
ocasiones para quedar bien con otras personas, o para
dejar de hacer algo, lo más normal era que dijéramos una
mentirita piadosa o blanca. El problema está en que
muchos continúan arrastrando éste pecado en su caminar
cristiano. Personas que en su afán de quedar bien
mienten, pensando que no le hacen daño a nadie. Pero
esto es un concepto muy equivocado ya que una mentira
descubierta puede causar que el testimonio de una
persona sea puesto en duda. Continuando con nuestro
estudio pasemos al cuarto tipo de pecado.
El pecado formal es aquel en que se
quebranta la ley deliberadamente con conocimiento y
libertad. Desdichadamente éste es un pecado que abunda
dentro del pueblo de Dios. Yo diría que el mejor
ejemplo de éste tipo de pecado queda expresado en el
mandato que encontramos en Hebreos 10:24-25 cuando leemos, “Y considerémonos unos a otros
para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25
no dejando de congregarnos, como algunos tienen por
costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis
que aquel día se acerca.” Digo que éste es el mejor
ejemplo porque como podemos ver aquí, el creyente está
llamado a apartarse de las costumbres del mundo, y
estamos llamados a entrar en comunión con nuestro Dios.
Pero desdichadamente, esto es algo que una gran parte de
los creyentes dejan de hacer deliberadamente. Pero
debemos reconocer que cuando decidimos no compartir con
nuestros hermanos, y cuando decidimos no entrar en
comunión con Dios, entonces estamos rechazando una
bendición. En si estamos cometiendo un acto deliberado
de no alabar y bendecir a Dios. En otras palabras,
somos libres de alabar a Dios públicamente, pero
escogemos no hacerlo. ¿Qué le estamos diciendo a Dios
cuando decidimos proceder por éste camino? Cuando
decidimos tomar éste camino, lo que le estamos diciendo
a Dios es que a nosotros no nos importa lo que Él hizo
por nosotros; en otras palabras, estamos menospreciando
el sacrificio de Jesús en la cruz. Como les dije la
semana pasada, cuando dejamos que el pecado abunde en
nuestra vida, entonces no estamos con Dios. Cuando
dejamos que el pecado domine nuestra manera de pensar,
actuar y ser, no podemos decir que Dios esta con
nosotros, no podemos decir que obedecemos a Dios.
Continuando con nuestro estudio pasemos ahora al quinto
tipo de pecado.
El pecado material es aquel en que se quebranta la ley
involuntariamente, con ignorancia y sin culpabilidad.
El mejor ejemplo que podemos encontrar que nos ayuda a
explorar éste pecado también puede ser encontrado en uno
de nuestro mandatos según encontramos en
Hechos 10:42-43 cuando
leemos, “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y
testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez
de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio
todos los profetas, que todos los que en él creyeren,
recibirán perdón de pecados por su nombre.” Digo
que éste es el mejor ejemplo que podemos usar para
ilustrar éste punto porque como todos podemos ver, aquí
el Señor nos ha llamado a testificar. Pero creo sin duda
que éste es el mandamiento que más se rompe por muchos
en el pueblo de Dios. En varias ocasiones les he
hablado acerca de la importancia de testificar. Algo
que no me canso de repetir es que como cristianos
tenemos que estar listos para testificar en todo
momento. Pero desdichadamente en muchas ocasiones no lo
hacemos porque no queremos que piensen que somos unos
religiosos o fanáticos. O quizás también sea que no nos
damos cuenta de las oportunidades que Dios nos provee, o
simplemente se nos olvida. Pero como podemos apreciar
en éste mandato, Dios nos llama a testificar y a
defender nuestra fe en todo momento. Tenemos que
testificar que nuestro Rey y Salvador vive, que Él y
solo Él puede salvar. Tenemos que estar listos a
testificar de los milagros que Él ha echo, y de Sus
promesas para el futuro. Hermanos tenemos que estar
listos para testificar en todo momento, estar listos
para hablar acerca del Reino de Dios a todos los que
están a nuestro alrededor. Tenemos que estar listos en
todo momento para testificar de Su poder, de Su gloria y
de Su misericordia. No importa donde estemos, no importa
con quien estemos, no nos podemos avergonzar de nuestro
Rey y Salvador y tenemos que cumplir con el propósito
que Él tiene con nuestra vida. No podemos olvidarnos de
las palabras del apóstol según encontramos en
2 Timoteo 1:8-10 cuando
leemos, “Por tanto, no te avergüences de dar
testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino
participa de las aflicciones por el evangelio según el
poder de Dios, 9quien nos salvó y llamó con
llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino
según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en
Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10pero
que ahora ha sido manifestada por la aparición de
nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y
sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.”
Tenemos que darnos cuenta que nuestro silencio también
es un pecado. Hermanos si no le hablamos a las personas
del Reino de Dios, del plan de Salvación, de la gran
diferencia que Cristo ha hecho en nuestra vida, pues
entonces no estamos haciendo nada por la obra de nuestro
Dios. En otras palabras no estamos cumpliendo con lo que
Él nos ha encargado, y nos encontramos en desobediencia
a Su Palabra. Esto nos conduce al sexto pecado.
Pecado contra la natura, éste es el acto carnal
contrario a la generación. El mejor ejemplo que podemos
encontrar que nos ayuda a explorar éste pecado es el que
encontramos en Romanos 1:26-27
cuando leemos, “Por esto Dios los entregó a pasiones
vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso
natural por el que es contra naturaleza, 27 y
de igual modo también los hombres, dejando el uso
natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos
con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con
hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida
a su extravío.” Como podemos apreciar, estos
versículos tratan directamente acerca del pecado más
obvio que existe, trata con el pecado que va en contra
de las mismas leyes naturales. El homosexualismo, el
lesbianismo y la depravación sexual, se pueden encontrar
en casi todas las fases de nuestro diario vivir. Esto
ha sucedido porque existen muy pocos atrevidos en la
obra de Dios. Existen muy pocos obreros en la iglesia
dispuestos a confrontar la opinión popular que quiere
hacerle ver al mundo que no hay nada anormal en ser un
homosexual, que no existe nada malo en ser lesbiana.
Pero la realidad de todo es que cuando Dios hizo al
hombre Él no hizo a otro hombre para que compartiera su
vida e intimidad con él, Dios hizo a una mujer. Esto es
algo que queda bien claro en
Génesis 1:27-28 cuando leemos, “Y creó Dios al
hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y
hembra los creó. 28Y los bendijo Dios, y les
dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y
sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves
de los cielos, y en todas las bestias que se mueven
sobre la tierra.” Dios no creo a Adán y a Esteban,
Dios creo a Adán y Eva. Si creemos en un Dios todo
poderoso, si creemos en un Dios omnipotente, si creemos
en un Dios omnisciente, entonces podemos decir con toda
confianza y a todo pecho que Dios no se equivoco. Dios
no se equivoco cuando hizo al hombre y a la mujer; Dios
no se equivoco cuando nos hizo a ninguno de nosotros.
Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros tal como
teníamos que ser.
Para concluir.
Estoy seguro que si pensamos más en el asunto
encontraremos otros diferentes pecados que abundan en
éste mundo. Estoy seguro que si pensamos más en el
asunto podremos encontrar otras categorías que no solo
abundan en el mundo sino que también abundan en la
iglesia. Pero habiendo examinado estas pocas categorías
debemos preguntarnos ¿qué causa el pecado? En si la
respuesta es fácil. Estoy seguro que todos aquí han
llegado a la conclusión que hoy les he predicado acerca
del pecado, pero siento informales que éste no es el
caso. Claro está en que si hemos explorado los pecados
más comunes que encontramos en el mundo y en las
iglesias, pero el mensaje de hoy no ha sido acerca del
pecado. Hemos expuesto el pecado, hemos atacados el
pecado, pero todos conocemos el pecado, todos sabemos su
definición y recibimos convicción de nuestros pecados.
No sé cuantos se han dado cuenta del mensaje principal
de esta predica, pero les repito no he predicado acerca
del pecado. Dile al que tienes a tu lado, aguántate.
Para que puedan entender bien lo que les acabo de decir
tendremos que analizar el denominador común en los seis
tipos de pecados que hemos analizado en el día de hoy.
¿Cuál es éste denominador? En una palabra
“!OBEDIENCIA!” ¿Por qué dido esto?
Lo digo
porque el diablo no forzó el fruto dentro de la boca de
Eva, ella desobedeció a Dios y peco. Eva no forzó el
fruto dentro la boca de Adán, el desobedeció a Dios y
peco. Jesús no le dijo a Simón Pedro que lo protegiera
y defendiera, él desobedeció las enseñanzas y peco. El
diablo no nos puede forzar a seguir costumbres, nosotros
somos los que elegimos seguir costumbres por temor a lo
que se pueda decir o pensar y a consecuencia
desobedecemos a Dios. El diablo no nos puede forzar a
quebrantar los mandatos y enseñanzas de Cristo, el
hombre por su propia concupiscencia elige quebrarlos, el
hombre desobedece los mandatos de Dios. El diablo no
nos pude forzar a hacer las cosas involuntariamente, el
hombre lo hace porque en muchas ocasiones desarrollamos
mala memoria y se nos olvida todo lo que Dios ha hecho
por nosotros, desobedecemos a Dios ya que todos estamos
llamados a predicar el evangelio a todas las naciones.
El diablo no nos puede forzar a cometer actos en contra
de nuestra naturaleza, el hombre desobedece la Palabra
de Dios y elige cometer estos actos. El diablo ni el
mundo nos puede forzar a faltarle a nuestro Rey y
Salvador, no existe demonio ni potestad que nos pueda
forzar a quebrantar lo que el Padre nos ha mandado.
Esto es algo que queda muy claro en
1 Juan 5:4 cuando leemos,
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo;
y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra
fe.” No le permitamos al enemigo que entre en
nuestra vida para robarse lo que Dios nos ha dado.
Enemigos pueden surgir, ataques pueden ser lanzados,
pero si mantenemos nuestra mirada en Dios; cuando nos
mantenemos concentrados en la Palabra de Dios y somos
obedientes, todo ataque será rechazado.
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