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Obispo José R. Hernández

El pecado

Si se acuerdan, la semana pasada les dije que existía una línea divisora entre un buen número de creyentes y Dios.  Existe una línea divisora entre la presencia de Dios y la humanidad, y ésta línea divisora es el pecado.  Esto es algo que queda claramente expresado en Isaías 59:2 cuando leemos, “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.”  Como les dije, existe una línea que nos divide de la presencia de Dios, y la mayor razón por esto es porque la mayoría de nosotros en vez de reconocer nuestros errores, lo que hacemos es que tratamos de justificar nuestras malas acciones y pecados.  Si hacen memoria de la predica de la semana pasada también se acordaran que les dije que existían diferentes tipos de pecados; yo sé que ésta declaración puede haber dejado a algunos un poco confusos, y es por eso que en el día de hoy deseo que estudiemos acerca de los diferentes tipos de pecados.  Hoy vamos a analizar los diferentes tipos de pecados que afectan a muchos en su diario vivir.  Haremos esto con el propósito de desenmascarar al enemigo, para de ésta forma eliminar la línea divisora que pueda existir en nuestra vida que nos separa de la presencia de Dios. Pero para poder tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para Su pueblo en el día de hoy, primero examinemos su definición.  Según el diccionario de la Real Academia Española, el “pecado” es definido como, “1. Trasgresión voluntaria de la ley de Dios o de algún precepto de la Iglesia. 2. Lo que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido. 3. Exceso o defecto en cualquier línea.  Manteniendo ésta definición en mente exploremos ahora seis diferentes tipos de pecado que existen: 

1.       El original - el de Adán y Eva, cuya consecuencia fue transmitida a todos nosotros.

2.       El actual - acto momentáneo en que el hombre peca voluntariamente o por instinto.

3.       El habitual - acto continuado o costumbre de pecar.

4.       El formal - aquel en que se quebranta la ley deliberadamente con conocimiento y libertad.

5.       El material - aquel en que se quebranta la ley involuntariamente, con ignorancia no culpable.

6.       Contra la natura - acto carnal contrario a la generación.   

El pecado original fue  el de Adán y Eva cuya consecuencia fue transmitida a todos nosotros, y es el que encontramos en Génesis 3:6 cuando leemos, “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”  Pero ahora debemos detenernos aquí por un breve momento y preguntarnos, ¿cuál fue el pecado original del hombre? El pecado original del hombre no fue comer el fruto de un árbol, o el de escuchar el consejo de la serpiente.  El pecado original del hombre fue la desobediencia a Dios.  Yo diría que esto es algo que queda extremadamente claro en estos versículos; la desobediencia separo al hombre del edén; en otras palabras, la desobediencia separo al hombre de las bendiciones de Dios.  Pero la buena noticia referente a éste pecado del cual todos fuimos victimas en algún tiempo de nuestra vida es que ya fue perdonado. Dios a través Su amor, misericordia y gracia nos perdono y redimió.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en Romanos 3:23-25 cuando leemos, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.”  Dios nos perdono por medio del sacrificio de su Hijo Unigénito, pero desdichadamente el hombre no ha aprendido su lección.  Esto nos conduce al segundo tipo de pecado. 

El pecado actual es el acto momentáneo en que el hombre peca voluntariamente o por instinto.  Yo diría que el mejor ejemplo de éste tipo de pecado es como encontramos en Juan 18:10 cuando leemos, “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.”  Digo que éste es el mejor ejemplo de éste tipo de pecado porque aquí vemos que Pedro actúo de manera instantánea sin pensar en lo que hacia.   Al ver que estas personas venían para arrestar al Señor, Pedro permitió que los impulsos de la carne dirigieran sus acciones lo que le causo a pecar grandemente.  La razón por la que les digo que peco grandemente es porque Pedro sabía muy bien que Jesús no promovía la violencia.  Jesús predicaba el Reino de Dios, amor, y misericordia.  Esto es algo que queda muy bien declarado en Mateo 5:44 cuando leemos, “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”  Es más, lo que estaba aconteciendo no debía haberles sorprendido; Jesús les había dicho exactamente por lo que Él tendría que pasar.  Esto es algo que queda bien declarado en Mateo 26:2 cuando leemos, “Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.”  Pero lo que sucedió fue cuando llego el momento de la verdad, cuando llego el momento cuando debió haber demostrado todo lo que había aprendido, Pedro no se acordó de nada, él actúo de manera espontánea.  Yo diría que de todos los pecados éste es el más común, y no solo en el mundo, sino que también dentro del mismo pueblo de Dios.  Digo esto porque no es fuera de lo común ver como aquellos que aunque conoce la verdad, es decir, conocen las enseñanzas y mandamientos de Dios, en momentos determinados permiten ser dirigidos por los impulsos de la carne y pecan.  Cuando llega el momento de la verdad, cuando llega el momento de actuar como debemos actuar, se nos olvida todo lo que hemos aprendido a través de la Palabra de Dios y cometemos una salvajada en momentos determinados.  Y existe un gran peligro en no reconocer éste tipo de pecado, ya que no reconocerle y arrepentirnos de ello nos puede conducir a reincidir en él.  Esto nos conduce al tercer tipo de pecado. 

El pecado habitual es el acto continuo o costumbre de pecar.  Yo diría que la mejor ilustración que podemos encontrar acerca de éste tipo de pecado es encontrada en la enseñanza del apóstol según encontramos en Colosenses 3:8-9 cuando leemos, “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos.”  Digo que ésta enseñanza es la mejor ilustración que podemos encontrar acerca de éste pecado porque existen muchos que no han logrado despojarse del viejo hombre, y continúan reincidiendo en ésta forma de ser, especialmente en las mentiras.  Cuando vivíamos en el mundo en muchas ocasiones para quedar bien con otras personas, o para dejar de hacer algo, lo más normal era que dijéramos una mentirita piadosa o blanca.  El problema está en que muchos continúan arrastrando éste pecado en su caminar cristiano.  Personas que en su afán de quedar bien mienten, pensando que no le hacen daño a nadie.  Pero esto es un concepto muy equivocado ya que una mentira descubierta puede causar que el testimonio de una persona sea puesto en duda. Continuando con nuestro estudio pasemos al cuarto tipo de pecado. 

El pecado formal es aquel en que se quebranta la ley deliberadamente con conocimiento y libertad.  Desdichadamente éste es un pecado que abunda dentro del pueblo de Dios.  Yo diría que el mejor ejemplo de éste tipo de pecado queda expresado en el mandato que encontramos en Hebreos 10:24-25 cuando leemos, “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”  Digo que éste es el mejor ejemplo porque como podemos ver aquí, el creyente está llamado a apartarse de las costumbres del mundo, y estamos llamados a entrar en comunión con nuestro Dios.  Pero desdichadamente, esto es algo que una gran parte de los creyentes dejan de hacer deliberadamente.  Pero debemos reconocer que cuando decidimos no compartir con nuestros hermanos, y cuando decidimos no entrar en comunión con Dios, entonces estamos rechazando una bendición. En si estamos cometiendo un acto deliberado de no alabar y bendecir a Dios.  En otras palabras, somos libres de alabar a Dios públicamente, pero escogemos no hacerlo. ¿Qué le estamos diciendo a Dios cuando decidimos proceder por éste camino?  Cuando decidimos tomar éste camino, lo que le estamos diciendo a Dios es que a nosotros no nos importa lo que Él hizo por nosotros; en otras palabras, estamos menospreciando el sacrificio de Jesús en la cruz.  Como les dije la semana pasada, cuando dejamos que el pecado abunde en nuestra vida, entonces no estamos con Dios.  Cuando dejamos que el pecado domine nuestra manera de pensar, actuar y ser, no podemos decir que Dios esta con nosotros, no podemos decir que obedecemos a Dios.  Continuando con nuestro estudio pasemos ahora al  quinto tipo de pecado.   

El pecado material es aquel en que se quebranta la ley involuntariamente, con ignorancia y sin culpabilidad.  El mejor ejemplo que podemos encontrar que nos ayuda a explorar éste pecado también puede ser encontrado en uno de nuestro mandatos según encontramos en Hechos 10:42-43 cuando leemos, “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.”  Digo que éste es el mejor ejemplo que podemos usar para ilustrar éste punto porque como todos podemos ver, aquí el Señor nos ha llamado a testificar. Pero creo sin duda que éste es el mandamiento que más se rompe por muchos en el pueblo de Dios.  En varias ocasiones les he hablado acerca de la importancia de testificar.  Algo que no me canso de repetir es que como cristianos tenemos que estar listos para testificar en todo momento.  Pero desdichadamente en muchas ocasiones no lo hacemos porque no queremos que piensen que somos unos religiosos o fanáticos. O quizás también sea que no nos damos cuenta de las oportunidades que Dios nos provee, o simplemente se nos olvida.  Pero como podemos apreciar en éste mandato, Dios nos llama a testificar y a defender nuestra fe en todo momento. Tenemos que testificar que nuestro Rey y Salvador vive, que Él y solo Él puede salvar. Tenemos que estar listos a testificar de los milagros que Él ha echo, y de Sus promesas para el futuro. Hermanos tenemos que estar listos para testificar en todo momento, estar listos para hablar acerca del Reino de Dios a todos los que están a nuestro alrededor. Tenemos que estar listos en todo momento para testificar de Su poder, de Su gloria y de Su misericordia. No importa donde estemos, no importa con quien estemos, no nos podemos avergonzar de nuestro Rey y Salvador y tenemos que cumplir con el propósito que Él tiene con nuestra vida. No podemos olvidarnos de las palabras del apóstol según encontramos en 2 Timoteo 1:8-10 cuando leemos, “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, 9quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.”   Tenemos que darnos cuenta que nuestro silencio también es un pecado. Hermanos si no le hablamos a las personas del Reino de Dios, del plan de Salvación, de la gran diferencia que Cristo ha hecho en nuestra vida, pues entonces no estamos haciendo nada por la obra de nuestro Dios. En otras palabras no estamos cumpliendo con lo que Él nos ha encargado, y nos encontramos en desobediencia a Su Palabra.  Esto nos conduce al sexto pecado. 

Pecado contra la natura, éste es el acto carnal contrario a la generación. El mejor ejemplo que podemos encontrar que nos ayuda a explorar éste pecado es el que encontramos en Romanos 1:26-27 cuando leemos, “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” Como podemos apreciar, estos versículos tratan directamente acerca del pecado más obvio que existe, trata con el pecado que va en contra de las mismas leyes naturales.  El homosexualismo, el lesbianismo y la depravación sexual, se pueden encontrar en casi todas las fases de nuestro diario vivir.  Esto ha sucedido porque existen muy pocos atrevidos en la obra de Dios.  Existen muy pocos obreros en la iglesia dispuestos a confrontar la opinión popular que quiere hacerle ver al mundo que no hay nada anormal en ser un homosexual, que no existe nada malo en ser lesbiana.  Pero la realidad de todo es que cuando Dios hizo al hombre Él no hizo a otro hombre para que compartiera su vida e intimidad con él, Dios hizo a una mujer.  Esto es algo que queda bien claro en Génesis 1:27-28 cuando leemos, “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”   Dios no creo a Adán y a Esteban, Dios creo a Adán y Eva.  Si creemos en un Dios todo poderoso, si creemos en un Dios omnipotente, si creemos en un Dios omnisciente, entonces podemos decir con toda confianza y a todo pecho que Dios no se equivoco.  Dios no se equivoco cuando hizo al hombre y a la mujer; Dios no se equivoco cuando nos hizo a ninguno de nosotros.  Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros tal como teníamos que ser. 

Para concluir.  Estoy seguro que si pensamos más en el asunto encontraremos otros diferentes pecados que abundan en éste mundo.  Estoy seguro que si pensamos más en el asunto podremos encontrar otras categorías que no solo abundan en el mundo sino que también abundan en la iglesia.  Pero habiendo examinado estas pocas categorías debemos preguntarnos ¿qué causa el pecado?  En si la respuesta es fácil.  Estoy seguro que todos aquí han llegado a la conclusión que hoy les he predicado acerca del pecado, pero siento informales que éste no es el caso.  Claro está en que si hemos explorado los pecados más comunes que encontramos en el mundo y en las iglesias, pero el mensaje de hoy no ha sido acerca del pecado.  Hemos expuesto el pecado, hemos atacados el pecado, pero todos conocemos el pecado, todos sabemos su definición y recibimos convicción de nuestros pecados.  No sé cuantos se han dado cuenta del mensaje principal de esta predica, pero les repito no he predicado acerca del pecado.  Dile al que tienes a tu lado, aguántate.  Para que puedan entender bien lo que les acabo de decir tendremos que analizar el denominador común en los seis tipos de pecados que hemos analizado en el día de hoy.  ¿Cuál es éste denominador?  En una palabra “!OBEDIENCIA!”  ¿Por qué dido esto? 

Lo digo porque el diablo no forzó el fruto dentro de la boca de Eva, ella desobedeció a Dios y peco.  Eva no forzó el fruto dentro la boca de Adán, el desobedeció a Dios y peco.  Jesús no le dijo a Simón Pedro que lo protegiera y defendiera, él desobedeció las enseñanzas y peco.  El diablo no nos puede forzar a seguir costumbres, nosotros somos los que elegimos seguir costumbres por temor a lo que se pueda decir o pensar y a consecuencia desobedecemos a Dios.  El diablo no nos puede forzar a quebrantar los mandatos y enseñanzas de Cristo, el hombre por su propia concupiscencia elige quebrarlos, el hombre desobedece los mandatos de Dios.  El diablo no nos pude forzar a hacer las cosas involuntariamente, el hombre lo hace porque en muchas ocasiones desarrollamos mala memoria y se nos olvida todo lo que Dios ha hecho por nosotros, desobedecemos a Dios ya que todos estamos llamados a predicar el evangelio a todas las naciones.  El diablo no nos puede forzar a cometer actos en contra de nuestra naturaleza, el hombre desobedece la Palabra de Dios y elige cometer estos actos.  El diablo ni el mundo nos puede forzar a faltarle a nuestro Rey y Salvador, no existe demonio ni potestad que nos pueda forzar a quebrantar lo que el Padre nos ha mandado.  Esto es algo que queda muy claro en 1 Juan 5:4 cuando leemos, “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.”  No le permitamos al enemigo que entre en nuestra vida para robarse lo que Dios nos ha dado. Enemigos pueden surgir, ataques pueden ser lanzados, pero si mantenemos nuestra mirada en Dios; cuando nos mantenemos concentrados en la Palabra de Dios y somos obedientes, todo ataque será rechazado. 

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